sábado, 31 de enero de 2009
MI HERMOSA PANADERIA.
Hace ya 17 años que vine a vivir a mi actual barrio y desde ese primer momento caí cautivado por una pequeña panadería que hay en el mercado, nada más entrar por la puerta norte, a la izquierda, justo enfrente de la cafetería.
Los dueños son un matrimonio, entonces de cincuenta y pocos, ahora de sesenta y tantos.
Ella es mujer de muchas tablas y carácter un poco avieso, de ese que a veces queda como un resto, en las personas que por su trabajo tratan mucha gente a diario, siempre con rulo de peluquería y una bata blanca para no manchar la ropa de calle.
El en cambio, es persona discreta y de pocas palabras, siempre detrás del huracán de su mujer, que parece evitarle discretamente que despache al público, protegiéndole como a un niño del contacto con los extraños y le relega a hacer de asistente y tratar con repartidores y reponer lo gastado al despachar.
Finalmente, la tercera en liza siempre ha sido una chica joven, contratada para ser la infantería de vanguardia que se enfrenta a lo más duro del día a día en la tienda, de estas ya han sido tres, las dos que dieron a luz y después lo dejaron, y la actual que es uña y carne de mi hija pequeña, (no hay promoción de la que mi peque no se lleve el muñeco ni el dulce sin necesidad de hacer el obligado consumo).
En fin, aquí siempre me han dado todo lo que he necesitado, todo muy tradicional y previsible, muy hogareño. Alguna vez alguna prueba con algún bizcocho de una marca o relleno nuevo hacía que saliésemos de la rutina pero al final todo quedaba en la intención más que en otra cosa, pero así yo estaba contento.
Pero los años también han pasado para mí, y estos te convierten en hedonista, por que el tiempo te enseña a apreciar lo bueno de verdad y la carne es débil. Y en este asunto yo he sido débil lo confieso: han abierto una tienda de estas de chinos que les llaman ahora, que antiguamente, cuando los dueños eran cristianos viejos se llamaban ultramarinos, una tienda joven, solo tiene dos años y dispuesta a todo, no cierra al mediodía y que me da lo que la otra panadería no podrá darme nunca, pan tierno, recién hecho a las 3 y media de la tarde, cuando salgo de trabajar y regreso a casa con mas hambre que un lobo de siberia.
Al principio pensé que solo era un capricho, que compraría de nuevo el pan en la antigua, para comerlo ya gomoso de un día para otro, a la rutina de lo conocido de tantos años, pero no puedo volver a eso, después de conocer el paraíso ¿quien vuelve a la rutina?.
A veces retorno al mercado a comprar unas magdalenas o algún bollito, más por dejarme ver que por otra cosa, la tensión se nota en el aire y la pregunta siempre aparece “¿no quieres pan?”, poco a poco me voy quedando sin excusas, que si estamos a dieta, que si comemos en el trabajo...
Pero lo peor estaba aún por llegar, esta semana han abierto en el barrio un supermercado de cadena y cuando fui a visitarlo por curiosidad descubrí que no cierra a medio día y que venden tal cantidad de variedades de pan que rayan la obscenidad y cuando volvía a casa pensando en cenar al día siguiente salmón ahumado sobre pan de centeno di por asumido que hoy en día, a mis años, me es cada vez más difícil ser fiel a nada, ¿será la crisis de los cuarenta?.
lunes, 26 de enero de 2009
FRENTE A MÍ EN EL AULA.
Frente a mí hay en un caballete una fotografía en gran formato de un paisaje al anochecer, alguien la esta reproduciendo; no sé muy bien si pintándola o haciendo un tapiz. No soy capaz de diferenciarlo.
La foto está desgastada como si la hubiesen cogido una y otra vez para mirarla bien, para observar los pequeños detalles y ampliarlos con fidelidad al llevarlos al telar, a la obra final.
Todo está muy ordenado, esperando la siguiente sesión de trabajo, todo tiene la pulcritud y el orden que se espera de un buen alumno, de un artesano ilusionado.
domingo, 18 de enero de 2009
La magia y el brillo de las válvulas.
Uno de esos quiebros en mi vida, se debió en cierta manera a un objeto que habitaba de forma permanente la cocina de mi madre, un aparato que de niño me resultaba fascinante, a pesar de que todo el mundo lo veia como algo ordinario.
Este objeto era una vieja radio de válvulas, de esas con una caja de madera barnizada, un dial en forma de regla con una aguja roja, una rejilla metálica forrada de tela y dos ruedas de algo parecido al nácar blanco, una para controlar el volumen y otra para sintonizar las emisoras, de onda media por supuesto, por que cuando se la montaron, la frecuencia modulada y el estereo eran “cosas de ricos” de los que en el pueblo manchego en que nació, creció y vivió mi madre sus años mozos, nadie había oído hablar.
Antes dije “se la montaron” por que se la encargó a alguien que entendía del tema – en este caso fue un vecino, pastor de oficio, que se aficionó a la electrónica en el Servicio Militar – que compró por correo un kit de montaje con las piezas y la ensambló. Esta era una opción económica para conseguir esa pequeña ventana al mundo, que en aquellos años era un aparato como este.
Me fascinaba como fascina un espejo a un indio salvaje, como fascina el mar a un tuareg. Era para el crio que yo era entonces, algo misterioso, lleno de unas lucecitas capaces de traer noticias e historias hasta mi casa, novelas habladas con las que lloraba mi madre cada tarde – pobre Lucecita – mientras yo me preguntaba que diabólica o divina fórmula hacia que ese aparato funcionase.
Pues bien, un día, para mi desgracia, cuando estaba husmeando en la biblioteca pública, encontré perdido entre los libros de electrónica, uno que describía detalladamente el montaje de una radio como la de mi madre y que además explicaba de una forma tan sencilla su funcionamiento, el cómo la señal entraba y cada componente la iba conformando para llegar a ser la onda que estimulaba el altavoz, para hacer vibrar su membrana y generar como unas cuerdas vocales ortopédicas, una voz reproducción exacta de la del locutor que estaba a muchos kilómetros de allí. Tan sencillo lo explicaba, que lo comprendí, y al comprenderlo aquella radio dejó de ser un objeto lleno de magia y comencé a ver lo que veían todos, un electrodoméstico sin más, una tubería que transporta agua, un molinillo que muele café.
Ese día descubrí, que la verdad y el conocimiento, en ocasiones, matan la poca magia que aún queda en nuestra vida y pensando en ello sentí por primera vez la profunda tristeza de estar perdiendo mi niñez.
domingo, 14 de diciembre de 2008
TATUAJES URBANOS
El otro día tome esta foto, en mi barrio, es una de tantas de esas modernas “huellas urbanas” que andan dejando por ahí esas tribus o nuevas manadas urbanas que están floreciendo de unos años a esta parte y que podríamos encuadrar dentrote la llamada cultura HIP-HOP un movimiento callejero de contracultura.
Viéndola pienso que los graffitis son un poco como los tatuajes que actualmente se empeña en lucir todo el mundo por todo el cuerpo.En Europa no son más que una moda que espero que no sea muy pasajera por el bien de las fashion victime que se los han hecho.
Los tatuajes en su día eran una marca de identidad que no se podía borrar, se marcaba al soldado, al esclavo….indicaba una propiedad o una lealtad.
También en ocasiones los tatuajes hablaban del valor de su portador, eran una distinción, como las medallas de nuestros ejércitos.
Yo la verdad tengo dudas de que los actuales portadores de estas marcas realmente merezcan llevarlas, el único valor demostrado por ellos es la capacidad de soportar el dolor que el tatuador infringe en el momento de hacerlos.
En fin, reflexione sobre ello y no pude pensar más que esto es otro ejemplo de cómo convertimos hechos culturales antiguos en superficialidades estéticas sin contenido. Por supuesto he de decir que un un cuerpo hermoso bien tatuado es aún más hermoso, pero me gustaría que además me dijese algo sobre el alma que lo habita.
martes, 25 de noviembre de 2008
TORMENTA.
Diréis,
¿y esta foto?.
Pues tiene sus historias, una es que cuando la tomé fue una de esas ocasiones en que te alegras de tener una cámara aceptable en el móvil.
La otra por supuesto es que me trae un recuerdo a la mente, la de una tarde de lluvia, que nos pilla a todo el mundo desprevenido y tenemos que refugiarnos deprisa y corriendo bajo las terrazas para no empaparnos, y en contra de lo que esperamos, esto no dura unos minutos como es habitual en las tormentas, sino al menos 15.
En fin, la cosa comienza a resultar molesta, bajo la terraza nos miramos unos a otros con cara de - parece que no escampa, con todo lo que tengo que hacer- mi hija pequeña, que me acompaña, está encantada con la situación.
De pronto, sale el sol con brío y ahí deslumbrante ante nosotros, aparece un gran arco iris; nos quedamos boquiabiertos mirándolo, mi hija grita de alegría, todos lo comentan en nuestro pequeño refugio bajo las terrazas y en esas para de llover. La magia que había embelesado a todos los "naufragos" se pierde, salen del parapeto y reanudan su vida como si nada, como si aquel instante de fulgor de la naturaleza nunca hubiese ocurrido ante ellos. Tal vez alguien se acuerde tras la cena y comente sentado en el sofá a su cónyuge - sabes, esta tarde he visto un arco iris alucinante, justo cuando paró de llover - y el/ella le conteste desde la cocina trasteando para preparar un té - ¿que?, ¿como dices cielín? - y el otro que ve en la tele que ya comienza Gran Hermano le diga - no, nada, nada...- y ahí quede todo.
Yo, sin embargo, saqué mi teléfono e hice esta foto, se lo conté a mi chica y se la enseñe, y además para redondear el asunto, nosotros no seguimos Gran Hermano.
jueves, 20 de noviembre de 2008
LAS ESTRELLAS DEL OTOÑO
En el barrio llevamos una semana que se nos caen las hojas de los arboles en la cabeza.
Ya está aqui la parte más oscura del año la naturaleza parece ralentizarse, tomarselo con calma, ante la inminente llegada del invierno.
En lo que más se nota es en los árboles, de pronto se quedan mustios y sombríos, se quitan la alegre vestimenta de verano y se quedan con el escueto y gris uniforme de invierno, con apariencias más de esbeltas estátuas que de seres vivos que son.
Hoy marchaba por la calle a todo meter, como voy siempre y de pronto he mirado al suelo y he visto estas cuatro hojasy no he podido evitar pensar que parecen estrellas, las estrellas también se caen cuando llega el otoño, como si el Universo fuese un inmenso arbol de "estrella caduca" y me ha dado por pensar también que si el Universo es como un arbol, nosotros las personas ¿que somos?, ¿las frutas o los bichos que se lo comen todo frenéticamente?, sin pensar en las consecuencias de ese hambre devastadora de medios, seres y cosas...
De repente he mirado el reloj, las 15:28, ¡ c o ñ o !, la niña me sale del cole y no llego.
La salvación del Universo debe esperar, pero antes de irme os he fotografiado unas estrellas.
lunes, 17 de noviembre de 2008
PEQUEÑAS COSAS.
Eso es verdad.
Bueno pero tampoco me quiero dejar amedrentar por ello. Hoy los temas no faltan: han detenido a un importante (por sanguinario) terrorista de ETA, California arde y con ella las casa de unos cuantos y riquisimos famosos del cine americano, la cumbre del G-20 hace sus enrevesados comunicados en los que nuestros maravillosos lideres glovales nos comunican con mucha pompa lo de siempre, que los bancos se salvarán y que los contribuyentes lo pagarán con ( como diría Chorchil ) sangre, sudor y lágrimas.
Pero la verdad es que yo prefiero quedarme como hecho relevante del día, que aunque haya sido por un motivo indirecto he podido hacerles una visitilla a mis viejos y charlar con ellos unos minutos. Eso hoy en día, con el ritmo de la vida moderna es un lujo de categoría más alta que comer caviar beluga.
domingo, 16 de noviembre de 2008
DIA DE LAS VICTIMAS DE TRAFICO
He estado conduciendo, 120 Km. relajado escuchando musica tranquila, casi me apetecia ir más despacio aún de la velocidad "legal" que he respetado escrupulosamente.
La carretera es peligrosa, cuanta gente no habra muerto, o habra matado en la carretera llendo como iva yo hoy feliz y tanquilo.
Toda precaución es poca en la ruta del vivir, la vida es como una agradable y suave brisa que igual que llega y nos refresca se va y nos deja otra vez expuestos a la eternidad de la inexistencia.
domingo, 20 de enero de 2008
Regresando del infierno.
En cierto modo, creo que el amor es tan importante para nosotros por que cuando nos sentimos amados, nos sentimos valiosos para alguien, tenemos la vaga sensación de que nuestro paso por la vida significa algo, que dejaremos huella.
En fin aqui estoy he resucitado del limbo del olvido, vengo arrastrando mi carga de desesperacion existencial, pero creo que soy amado y desde luego amo y eso es lo que me da fuerzas para existir.
Salud.